
Hoy me decidí a escribirte para darte las gracias por haber aparecido en mi camino. Realmente te necesitaba, pues mi mente y mis sentidos estaban adormecidos por completo. Yo, ya no era yo. Parecía un zombi que simplemnte pasaba por la vida limitándose a respirar pero sin disfrutarla ni vivirla, solo esperando a que un día mis pulmones se olvidasen también de cuál era su cometido para así poder descansar al fin.
Pero entonces apareciste tú. Un día nos conocimos y empezaste tu particular cortejo. Poco a poco empecé a sonreír... Primero tímidamente pero después mis carcajadas llenaban el aire de la tarde.
Me hiciste sentir bella y deseada, fuiste despertando mis sentidos y mi mente. A tu lado los problemas carecían de importancia, todo en mi mundo era mucho más sencillo y agradable simplemente porque tu me hiciste ver de nuevo que podía ser feliz con lo que tenía a mi alcance, que todavía era joven y que tenía muchas cosas por aprender y experimentar en esta vida. Que podía despertar pasiones, ternura y cariño en los demás, que no todo estaba perdido. Que quedaba tanto por vivir...
Tú me devolviste la fe en mí misma y conseguiste que volviese a creer en mí, que tomase las riendas de mi vida y empezase a organizarla y a dirigirla como siempre había hecho.
Por todo ello, no puedo por menos que estarte eternamente agradecida, pues has conseguido que vuelva a abrir de par en par las ventanas de mi corazón.
Ya sabes: "Nada ocurre por casualidad" y nosotros estábamos predestinados a encontrarnos de nuevo a pesar de llevar vidas tan separadas. Pero era tan grande mi deseo de acabar con la mía, que el Cósmico, Dios, o como se llame, no lo podía permitir y te puso frente a mí a pesar de saber el riesgo que corríamos...
Besos,
Julia