
Mi querido amigo,
Hoy estoy muy triste. En este día, el último del año y se supone que el más loco y atrevido, la tristeza inunda mi alma. Tanto es así, que no quiero pensar para no tomar una decisión equivocada, o tal vez, para no volverme loca.
Si pones la televisión todo son anuncios donde el sexo siempre está presente. Unas veces de forma velada, y las más, de manera bien clara. Si intentas ver algún reportaje, en este día todo es enseñarte los conjuntos de ropa interior muy sugerentes (y preciosos, todo hay que decirlo) y demás lencería por el estilo… Todo, para recibir bien el año y como no… con sexo y diversión, donde el brindis con el cava y sus chispeantes burbujas hacen el resto.
Y aquí estoy yo. Con mi marido y familia en general, pero en mi interior, más sola que la una.
No es que sea un mal hombre, de eso nada, al contrario, es un hombre por el que muchas mujeres matarían y por el que me tienen una envidia malsana. O sea, el hombre ideal. Ideal, si no te gusta ni quieres mantener más sexo en toda tu vida. Pues él lo tiene muy claro desde hace unos años: Nada de sexo. No lo necesita y punto. Nada más que decir del tema.
¿Y qué hace una en estas circunstancias?
Separarse. Esa sería la reacción más lógica y la que todos aconsejarían si supiesen lo que pasa. Pero no es tan simple… no, cuando todavía sigues enamorada de él como el primer día. Si, ya sé que soy tonta. Pero soy así. Le amo.
O… echarse un amante. Reacción que está muy mal vista cuando te casas con el hombre ideal. Con lo cual, no puedes decir ni esta boca es mía, porque las reacciones de las personas de tu alrededor son de una incomprensión total y absoluta.
Yo elegí la segunda de las opciones. Bueno, más que elección, fue un cúmulo de causalidades que me llevaron a ello. Pero con tan mala fortuna, que siento por mi Lobo lo que él no siente por mí. Y encima, llevamos unos meses que parece que todo está en nuestra contra para evitar que nos veamos.
Y aquí estoy, en esta última noche del año, reventando de ganas por tener buen sexo. O quizás tan solo sea que necesito un buen abrazo, mimitos, algunos besos y alguien que me diga que todavía soy bonita. Que estar conmigo es un placer. Que me quiere. Que mi compañía le hace feliz… Pero no. No tengo nada de eso. Solo un marido que es cierto que me quiere pero no es capaz de decirlo ni darte una caricia, y un "Lobo" para el que soy una de sus mejores amantes. Pero es tanto su afán por faldas nuevas, que he de aguardar turno para poder verle. Nada más. Solo eso es lo que tengo.
Y a todo esto, con estos pensamientos tan lúgubres en mi mente y con unas ganas de llorar terribles por conseguir al precio que sea un buen abrazo y beso, tengo que aguantar todas las escenas románticas que se dan a mi alrededor, mire a donde mire…
¡Feliz Noche Vieja! Amigo mío