jueves, 24 de septiembre de 2009

Enrédate en mi piel



ENRÉDATE EN MI PIEL...


Porque solo yo, se darte lo que tu necesitas
Me conozco palmo a palmo
Cada centímetro de tu piel.
Cada pliegue, cada arruga, cada mancha o cicatriz...
Pues todo, absolutamente todo,
Está en mí.
Por eso vida mía...
Ven... Enrédate a placer...

Tu cuerpo ya no tiene secretos para el mío,
Para mis manos, mis labios o nariz
Por eso hoy te digo:
Ven... Enrédate en mí...
Si te enredas... Si te dejas llevar...
Descubrirás mundos y sensaciones maravillosas
Que ignorabas que existían...



Tú me hiciste mujer.
Me enseñaste a amar y compartir mi piel...
Hoy, vengo a ti y te digo:
Ven... Enrédate en mí...
En mi piel... En mi pelo...
En mi aroma de mujer...


Con cariño,
Julia
Tu isla encantada...


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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Hablemos...




Mi querido Lobo,

Por fin te dignaste a hablarme y hasta viniste a verme. Para hablar de "nuestro asunto" -según tú- y poder convencerme. Pero me advertiste previamente que solo era eso: Hablar. Nada más.

Como siempre hago, acepté tus condiciones y por fin llegó el día esperado. Nos sentamos en el sofá y empezaste a exponer tus puntos de vista que tan bien traías preparados.

Yo estaba en la punta del mismo, vestida de manera recatada sin mis queridas camisas o blusones con sus pronunciados escotes que tanto me gustan lucir y a ti mirar. Incluso abracé el cogín entre mi pecho para que no pensaras nada raro.

Tu seguías hablando y no te atrevías a mirarme a los ojos, pues cuando nuestras miradas se encontraban descubría en tus labios una pícara sonrisa. Sonrisa que automáticamente también aparecía en los míos. Era una situación tan rara entre nosotros que por mucho que quisimos no pudimos aguantarla por más tiempo.

Nuestras bocas hablaban formalmente, nuestros cuerpos estaban separados, pero nuestros ojos... ¡Dios nuestros ojos! Lo decían todo.

En menos de diez minutos ya tenías mi mano cogida llevándotela al lugar más deseado... ese lugar donde se esconde el duendecillo travieso que crece asombrosamente con tan solo un ligero roce de mis dedos... Pero no... esta vez no te iba a ser tan fácil. La retiré como si del fuego se tratase y te recordé tus propias reglas.

Risas... miradas... roces... y al final, nuestras bocas enlazadas y nuestras manos explorando todos los rincones y cada centímetro de nuestra atormentada piel. Una piel que exudaba pasión por todos sus poros. Pasión y dolor, por haber estado tanto tiempo separada de la que es su fiel compañera y complemento.

¿Dónde quedaron mis resistencias? ¿Dónde tus famosas reglas? Las olvidamos en aquel viejo sofá junto a nuestras ropas esparcidas por la habitación. Ahora los únicos que hablaban eran nuestros cuerpos, y el único sonido los gemidos de nuestras gargantas cada vez que estallábamos en mil pedazos.

Dime Lobito, ¿por qué te resistes a aceptar la evidencia? Tu y yo estamos hechos para amar, nuestros cuerpos son puro fuego cuando se rozan y no pueden estar cerca sin tocarse porque se atraen como un imán poderoso, y por más que queramos no nos podemos separar...

Con pasión y en silencio



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sábado, 29 de agosto de 2009

HOY SOLO SOY TUYA


HOY SOLO SOY TUYA

Tuya por entero y para lo que desees...
No pienses ni digas nada, no merece la pena,
Mañana... ¿Qué más da lo que nos deparará?
Yo volveré a mi vida de siempre
Y tú, harás lo mismo con la tuya


Pero hoy...
Hoy amigo mío sólo soy tuya


Tuya para cumplir todos tus deseos,
Fantasías y caprichos...
Seré por un día y una sola vez,
Tu esclava y tu amante delicada
Cumpliré hasta el último de tus deseos sean cuales sean...
Hasta los más profundos y oscuros,
Aquellos que no te atreverías a confesar ni a tu mejor amigo,
Incluso ni a tí mismo por el miedo que te dan


Porque hoy...
Sólo hoy, soy tuya.


¿Te avergüenzas Lobito?
¿Qué oscuras y sugerentes imágenes te vienen en mente?
Vamos, cuéntaselo a tu niña, a tu esclava,
Porque ella lo hará realidad.
Mírame a los ojos y dime qué deseas,
Qué quieres de mí...
De tu amiga, de tu esclava...
De tu alumna fiel y sumisa como nunca encontrarás


Pues hoy, amigo mío,
Solo hoy...
Soy sólo Tuya


Mil besitos suaves y tiernos
Con cariño y pasión...

Júlia,
Tu isla encantada
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domingo, 26 de julio de 2009

Recuerdos...




Mientras estoy aquí, entristecida por tu ausencia y tu largo silencio, no puedo por menos que recordar cómo fueron nuestros comienzos.


Mientras desgrano mis recuerdos te siento tan cercano... Incluso creo oír tus risas y las palabras tan bonitas que susurrabas en mis oídos cuando me estabas cortejando, cuando querías que cayera entre tus brazos...

Y yo, estaba allí, sentada a tu lado, petrificada de miedo y de deseo. Miedo de mi, de mi cuerpo, de las reacciones que estaba teniendo y del deseo tan ardiente que me consumía por dentro. Pero al mismo tiempo pensaba que eso no estaba bien, que no era normal sentir esas cosas y tener esos pensamientos tan tórridos que tu sola presencia me provocaba.

Y mientras mi cuerpo y mi mente se debatían en una lucha sin cuartel, tú seguías allí... diciéndome todas aquellas cosas que sabías le gusta escuchar a una mujer. (Pues sabes muy bien que se nos puede conquistar por las palabras y a éstas las dominas incluso mejor que a mí)

Recuerdo el primer día que me besaste. Fue un beso como nadie me había dado, un beso que despertó en mí una pasión sin límite. Un beso que a penas si supe corresponder porque incluso eso me tuviste que enseñar. Pero la pasión nos da alas y pronto me dejé llevar por ella...

Recuerdo que abrí mis ojos al oírte hablar y no entendí lo que decías, pues en aquel beso perdí la conciencia y te entregué mi alma. Un beso... un simple y apasionado beso, bastó para caer rendida a tus pies.


Cuando notaste cómo estaba y viste que por fin mi mente perdió la cruel batalla, quisiste ir más lejos y empezaste a acariciar mis senos... Yo, ya no era yo. Estaba tan nerviosa y tan excitada, que te dejé hacer. Sencillamente no podía protestar... ¿Para qué hacerlo si me encantaba sentir tus manos y tus labios en mi piel?

Cerré mis ojos de nuevo y me entregué a esas sensaciones tan maravillosas. Entonces tú quisiste ir un poco más allá... un poco más lejos... Cogiste una de mis manos y la acercaste a tu miembro que pedía a gritos ser liberado de su encierro, pero contra toda predicción, me asusté tanto que me eché a llorar quitándola de allí como si de un fuego ardiente se tratara.

Dios... ¡Qué vergüenza! Todavía hoy al recordarlo se encienden mis mejillas y ma dan ganas de tapar mi cara para que nadie la vea más, pues tuve una reacción de lo más infantil. Aunque eso lo único que provocó en tí fue más deseo. Pero por suerte no te echaste a reír ni te enfadaste conmigo, al revés, me hablaste suavemente para intentar tranquilizarme a pesar de aquel fuego que te consumía.

Cuando todo pasó y logré serenarme, te agradecí sobremanera tu paciencia, el que no me llamases tonta ni te rieras de mí. Te agradecí en silencio porque tal era mi vergüenza que no me atrevía ni a hablar. Y hoy estoy aquí... Sola... Recordando y echándote tanto de menos...

Dime mi Lobo, ¿cuándo se te pasará el enfado? ¿Cuándo querrás volver a mi?


Tuya y desconsolada,



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