
Mi querido Lobo,
Desde que recibí tu msn avisándome de que venías, mis nervios salieron a flote y ya no los pude calmar hasta llegar a tu encuentro.
Mientras leía tu e-mail con las instrucciones oportunas (como siempre) el miedo y mi líbido subieron como la espuma. No sabía si estaba más asustada que emocionada, pues por fin iba a estrenar "mis juguetes".
Al verme, una amplia sonrisa iluminó tu cara, pero acto seguido empezaste a "relatar" no recuerdo por qué, intentando disimular el placer adelantado que ya presentías, pero tus ojos picarones y tu sonrisa mal disimulada te delataban, y eso a mí todavía me ponían más ansiosa por tenerte entre mis manos y ver si sería capaz de arrancarte aullidos de verdadero placer (aunque a juzgar por tus gritos y reacción final, creo que lo conseguí :p )
Cuando llegaste ya lo tenía todo dispuesto para no hacerte esperar, pero tú me tenías reservada otra propuesta: Hacerme fotos mientras te daba placer con mi boca.
No sé si la idea te surgió en el momento, o ya lo tenías preparado de antemano, pero a pesar de mi sorpresa inicial no pude negarme y te di mi permiso. Tal vez porque sé que eres noble y confío plenamente en tí, o quizás porque tengo una vena exibicionista que estuvo oculta hasta ahora... Pero el caso es que accedí a ello y tengo que confesar que me divertí bastante, pues como siempre me pasa, no sé negarte nada y estando contigo me siento la mujer más bella del universo.
Cuando por fin llegó la hora de "jugar", confieso que la aprehensión y el deseo se daban la mano en mi interior, pues nada más verte lubricando ese -para mi entender- enorme dildo mientras me calmabas con tu voz, ya ardía en deseos a pesar de mi miedo.
Al principio me hacía daño y estaba tan espantada que no quería ni mirar, pero eres tan hábil con tus manos manejando estos cacharros, que fuiste tu el que al final conseguiste arrancarme gritos de placer al no poder controlar mis orgasmos.
Nunca me había pasado esto de tener uno tras otro y tan intensos... Tanto es así que tuve que rogarte que parases porque creía que me iba a dar algo. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando riéndote me dijiste que lo habías introducido por entero dentro de mí. Eso no era posible... Seguro que me estabas mintiendo... Pero tus ojos y la panzá a reír que te estabas dando no mentían.
Acto seguido me diste los consejos oportunos para poder utilizarlo a solas, aunque creo que no será tan placentero y bonito, pues lo que más me excitaba era el saberme expuesta y vulnerable ante tí... el saber que dependía de tí... de tus manos para producirme placer o dolor, de tu voz... pues aunque te parezca extraño ésta es una de las cosas que más me atraen de tí. Pero aún así, a pesar de habérmelo pasado muy bien, eché mucho de menos tus manos acariciando mi parte más íntima, tu hermoso y erecto pene dentro de mí... pues la calidez y las sensaciones que producen, no pueden ser compensados ni por el juguete más sofisticado. Aunque reconozco que como curiosidad no está nada mal, pero considero que es más bien para usarlo a solas, pues si te tengo delante de mí prefiero disfrutarte por entero.
Como tú te habías reído de mí, ahora me tocaba a mí divertirme a tu costa. Así es que te tumbé boca arriba y te enseñé amenazadoramente el dildo anal que te había comprado, y creo que
conseguí poner cara de mala porque te espantaste un poco y me rogaste que tuviese mucho cuidado.

Pero dime Lobo, ¿acaso creías que sería capaz de lastimarte? Con lo que yo quiero a mi Lobito... (aunque confieso que me encantó ver tu cara apurada por unos momentos jijiji)
No me digas que no fuí delicada...
Empecé a introducirlo muy poco a poco al tiempo que disfrutaba de tu pene en mi boca. Ahora eras mío, estabas a mi merced y lo haría como yo quisiera, pues estabas tan concentrado en disfrutar de todas las sensaciones que te producía, que olvidaste por completo tus instrucciones.
Yo lamía... succionaba... besaba... A mi ritmo, justo como yo quería, pues no sé quién estaba obteniendo más placer, si tú al dejarte llevar... o yo, al ver tu cara y reacciones. Y al final, estallaste en mil pedazos aullando como hace tiempo no te oía, y al igual que me pasó a mí, hice que te tocaras para que comprobaras cómo el dildo estaba dentro de tí por completo.
Aixssss... mi Lobito, lo pasamos tan bien, que el resto de juguetes tendrán que esperar por el momento.
Mil besitos juguetones con todo mi cariño,
Tu Isla encantada...